30 de diciembre de 2011

Receta para un San Esteve glorioso

Como cada año, me tocó cocinar para la familia el día de San Esteve, con el añadido de tener que superar o como mínimo igualar el éxito del año anterior.
Después de una semana dándole vueltas al menú y tras descartar la opción bocatas para todos, decidí repetir la sopa de galets, así que un par de días antes, me planto en la carnicería para comprar la pilota. En el escaparate, veo un redondo de pollo la mar de mono:

Yo: ¿Eso es fácil de hacer?
Carnicera: Mega fácil. No tienes que hacer casi nada.
Yo: ¿Pero así tal cual? ¿Lo pongo en el horno y me voy a ver la tele?
Carnicera: Bueno, mujeeeer... Primero lo fríes en la sartén, luego lo pones en una cazuela, con algunas verduras troceadas, le añades un chorro de vino o de lo que tengas, y lo dejas una hora, más o menos....
Yo: Huy sí, qué fácil, vamos, como un bocata de queso....  ¿Y las verduras? ¿A qué verduras se refiere?
Carnicera: Pues un poco de todo, zanahorias, tomates, ajo y cebolla, lo que tiene todo el mundo en casa.
Yo: Ya, bueno, es que yo normalmente, en casa no tengo nada…. Por no tener, no tengo ni cazuela….
Carnicera:  Bueno mujer, pues lo haces al horno. Cuando está frío, lo cortas. Y las verduras, las pasas por el minipimer y te queda un salsa buenísima. Y ahí mismo lo calientas. ¡Si es facílisimo! Si hasta un manco, ciego y sordo puede hacerlo.
Yo: Si es así....

El viernes por la mañana, me escapé del despacho y me fui a la pollería de la esquina:

Pollera: Nena, ¿qué te pongo?
Yo: Pues algo de pollo… para hacer caldo.
Pollera: ¿Te pongo una carcasa?
Yo: Hmmm, mejor dos, que somos muchos y no me fío yo de mi segundo plato. Pero, oiga, una cosita, me las prepara para que no se vea que son pollos...
Pollera: Tú no te preocupes, te lo cortaré todo tan bien que no los va a reconocer ni el gallo Claudio.
Yo: Los cuellos no los quiero ¿eh?
Pollera: Sin cuello.
Yo: Y nada de patitas ni bracitos, que me da mucha pena.
Pollera: Pero mujer, que la carcasa no lleva patas, ni que fuera Calimero...
Yo: Y tampoco quiero lo de dentro eh, los riñones, o los hígados, ni esa cosa verde que tienen los pollos....
Pollera: ¡Que sí, que ya lo he entendido! ¡Que tú lo que quieres es un caldo Maggi!

Así fue, más o menos. Pero al final salí con mis dos carcasas. En una bolsa  transparente de plástico, toda manchada de sangre. Menuda carnicería había hecho la pollera con los dos pollos, qué asco, y encima me la tuve que llevar al despacho.

El 25 por la noche, me puse a hacer el caldo, y antes de irme a dormir, apagué el fuego. A las 8 de la mañana, la P me despierta:

Oye, sacaste la carcasa del caldo, ¿no?
¿Yo? Pues no.
¡Te dije que lo hicieras! Si no lo sacas, no queda bien.
Y yo te dije que eso te tocaba a ti, que yo ya no quería ver más a los pollos. ¡Con lo que me costó ponerlos en la olla, que me tuve que poner gafas de sol, casi me da un síncope!

No tuvo más remedio que levantarse.

Después de desayunar, seguimos cocinando. Terminada la operación “filtro”, cocimos la pilota y los galets por separado, y dejamos la olla lista para calentar.
Luego me puse a hacer el puré. Pelé las patatas, las corté en trocitos la mar de monos, y los puse a cocer. Una vez en su punto, cogí mi machacapatatas, que es un aparatito que me encanta, ya que tanto sirve para des-sesar a un ladrón, clavar un clavo o hacer burbujas, añadí un poquito de mantequilla, un chorrito de leche, lo aplasté todo con mucho brío y lo dejé listo para calentar.

Mientras tanto, la P cogió el redondo de pollo como si fuera un balón de rugby, y lo selló en una sartén. Yo me dediqué a algo más de mi nivel: lavar y cortar la verdura, tal como me había recomendado la carnicera. Colocamos todo en una fuente, añadimos un chorrito de caldo y otro de jerez (tras descartar la absenta, el tequila y el Marie Brizard) y lo pusimos al horno. Al cabo de un rato la P se me ilumina:

Oye, has puesto sal y pimienta ¿no?
Yo no, ¿y tú?
Yo tampoco.
Anda mira, también me he dejado los ajos...
Venga, abre el horno que esto se arregla en un plis.

Hora y media más tarde, sacamos el asado del horno y lo dejamos enfriar. Pasé la verdura asada por el minipimer para hacer la salsa y la dejé en una cazuelita tapada. Finalmente, la P cortó el asado en rodajas y las colocó en un plato.

Era el turno del pastel de castañas. El paso número 3 de la receta decía así: "Poner a calentar las castañas con la leche y dos cucharaditas de azúcar. Cocerlas 5 minutos y, cuando estén blandas, pasarlas a un bol. Aplastarlas con un tenedor y dejarlas enfriar."
La primera frase era fácil, ¿pero cómo interpretar la segunda? ¿Pasar las castañas a un bol después de cocerlas 5 minutos, o bien pasarlas al bol cuando estén blandas? Porque a los 5 minutos, mis castañas seguían duras como una roca y eso no lo aplastaba ni Poseidón con su tridente, y a los diez se me había quemado la cazuela. Menos mal que mi madre había prometido traer un Panetone y una piña.

Finalmente, a las dos y media, estaba todo listo. La mesa puesta, el vino abierto, los aperitivos en la mesa, la cocina impecable y todos los platos preparados en el mármol, sólo faltaba calentarlos en el último momento.

Los invitados llegaron como siempre, abrigados como si fueran a pasar un día en Siberia. ¡Exagerados! Si lo mejor es tener la casa a temperatura ambiente. Ambiente navideño, claro. Además este año incluso tenía un belén.

Nos sentamos a la mesa a degustar los aperitivos. Cuando vi que ya estaban terminando, me fui a la cocina para empezar a calentar mis platos y de repente:

¡¡¡CRAAAAAAAAASHHHHHHHHHHHHHH!!!

La familia al completo se planta en la cocina.

F.A.C: ¿Pero qué ha pasadoooooooooooooooooooo?

¿Qué ha pasado? Pues que del alto del armario se ha resbalado una bandeja, ha ido a parar sobre uno de los platos, y quinientos mil millones de pedazos de vidrio han salido volando en todas direcciones. Mi estupendo, delicioso, perfecto menú de San Esteve se ha ido a tomar por saco.


Yo: ¡¡¡¡¡¡Buaaaaaaaaaaaaaaah!!!!! ¡¡¡¡Mi comidaaaaaaaa!!!!
F.A.C: ¡¡¡OSTRAS!!! ¿Se te ha roto un plato?
Yo: ¡¡Síííí!! ¡¡¡Buaaaaaaaaaaa!!!
F.A.C: ¿Y han caído cristales en la sopa?
Yo: ¡¡Síííí!! 
F.A.C: ¿Y sobre la carne también?
Yo: ¡¡Síííí!!  Y también en la cazuela del puré.
F.A.C: ¿Y no podemos comer nada?
Yo: Pues a menos que seamos una familia de fakires, no veo cómo.

Lo tuvimos que tirar todo excepto el caldo. Mi hermana y mi madre, que son muy científicas ellas, decretaron que si lo pasábamos por el colador, no habría peligro. Yo rescaté unos galets de la despensa, y compusimos la sopa. Los mosquitos, mientras tanto, intentaban consolarme.
Por suerte, recordé que tenía 8 huevos en la nevera y los puse a hervir. Abrí una latita de atún y un pote de espárragos. Mi hermana había traído restos de ensalada de rúcula del día anterior y rescaté un tomate. Y por último, adornamos los huevos con la salsa de verduras, que como estaba tapada, sobrevivió al desastre.

Lo dicho. El año que viene un bocata y andando.

1 de diciembre de 2011

Mi primera ratatouille chispas


Domingo tonto y nada en la nevera, solo un calabacín, una berenjena, cuatro pimientos y media col. La P hace un intento de salir por peteneras:
―¿Vamos a comer una paellita por ahí?
―Que noo, que tenemos que acabarnos lo que hay en la nevera.
―¿Las hueveras?
―Que no, que con lo que tengo, puedo hacer una ratatouille la mar de buena.
―Madre mía, madre mía…..
Busco una receta por internet. Veo que me falta cebolla, tomate, ajos y las hierbas.
―Bueno, salimos a dar una vuelta y compro en el paki.
―Y qué, ¿vamos a comer sólo tu ratatouille?
―Ya verás cómo te gusta.
―No, si no tengo la menor duda… pero por si acaso, compramos un pollo al ast.
Nos ponemos los abrigos y salimos. A dos manzanas, hay un sitio de pollos. Nos ponemos en la fila, detrás de un chico pelín guarro, con un perro muy limpio que hace mil monerías.
―Me encanta este barrio tan silvestre, le digo a la P por lo bajini. Has visto qué mono el perro,. Jo, me encantaría poder llevarme a Federico de paseo los domingos.
―Sí, para que se te escape.
―Que no, que lo llevaría con una correa, como si fuera un perrito.  
―Con una correa lo tenías cuando se te escapó, y casi te da un síncope.
―Ya, pero te digo que lo ataría muy bien, le pondría una cuerda en las patas de delante.
―Eso, y otra en las patas de atrás, y lo confunden con un pollo.
―Eres tonto y malo.
Es nuestro turno.
―Un pollo, dice la P.
―Medio pollo, digo yo.
Ah sí, claro, como tenemos la nevera llena, oigo que murmura.
Por precaución, pido seis huevos y cuatro croquetas, no vaya a ser que la P lleve razón. Pasamos por el paki a comprar la verdura y volvemos a casa. Federico no ha puesto la mesa, no hay manera de que aprenda. Pero yo sí, porque algo así fue lo que quedó.

Bueno vale, la foto es de Internet, pero es que como estaba tan bueno, se me olvidó hacer la foto.

13 de noviembre de 2011

Cuatro alcachofas

¿Qué se puede hacer con cuatro alcachofas que llevan en la nevera desde el lunes?

 Le pido consejo a la P, que está jugando a un videojuego interesantísimo que consiste en matar cerditos lanzando pájaros con un tirachinas.
Oyes, ¿qué hago con las alcachofas?
—Alcachofas... sí... hmm... AYYY, casiiii... alcachofas, ya, si las haces al horno, a mi me gustan.
¿Al horno? Así tal cual? Voy a ver qué receta encuentro de alcachofas sin nada.
Por desgracia, "sin nada" no hay.
¿Bueno, qué hago?
—¿Como que qué haces? Hmm.... pues las haces, al horno, ¿no?
Menuda ayuda...
Vale sí, pero, por dónde empiezo. ¿Las lavo?
¿Qué quieres decir que las lavas? Hmm.... Claro, claro, las lavas, sí, si no, ¿cómo?
Creo que no me está escuchando.
¡¡¡¡EEEEEEOOOOOOOO!!!
—Vale, vale ya voy.
A regañadientes, deja el juego y se va a la cocina.
¿Tienes guantes? Las alcachofas manchan mucho.
Rebusco en un cajón.
Tengo uno. 
¿Y uno que no sea de gnomo no tienes?
Deja el guante y empieza limpiarlas. Les corta la patita, las despluma un poco por arriba, y les abre el pico. 
Oye, que no son pollos.
Bueno, yo ya me entiendo.
Saco una bandeja del horno. Mientras tanto, él termina de cortarlas.
Estan un poco estropeadas, tus alcachofas...
¿Ah sí? ¿Cómo lo ves?
Pues mira, esto está de otro color.
No me seas finolis, que me las trajeron el lunes.
Las pone en la bandeja, les echa un chorrito de aceite, y un poco de sal.
¿Tienes pimienta?
Yo tengo de todo. Tengo un especiero que sólo con especies nos hacemos un primero.
Enciendo el horno y nos volvemos a la sala. Me pongo a escribir, miro mi Facebook, juego con Federico, Federico mira su Facebook. De repente, me acuerdo de las alcachofas.
¿Cuánto tiempo las pongo?
—Media hora o así.
¿Media hora?? Miro el reloj, son más de las cinco.
Pues si esta mañana hemos hecho brunch, esto ha sido nuestra merienda cena.



6 de noviembre de 2011

Pastel de nada y otras delicias

Tengo el blog o mejor dicho los blogs muy abandonados, me está fallando la inspiración, que no es que haya tenido mucha nunca, pero ahora estoy en niveles bajísimos.
Lo que sí que he hecho son pinitos culinarios que quería enseñar por aquí, a falta de otra cosa. Por ejemplo, mi primera tortilla de berenjenas:


No es por nada, pero para ser una inútil total, las tortillas me salen la mar de bien. 

Hace unas semanas, no tenía nada en la nevera excepto dos calabacines mondos y lirondos, así que puse en Google: "pasta & calabacines", y como en Google sale todo lo habido y por haber, a mi me salió esto:


¿A que se vé delicioso? Pues lo estaba.

Y hoy domingo, después de cinco días de lluvia seguidos y toda la mañana leyendo, me ha dado por hacer un pastel. Pero claro, estamos en las mismas. No tengo casi nada en la nevera, ni mantequilla, ni yogures, ni chocolate, y el reto se las trae. Que es muy fácil cocinar con ingredientes, pero sin ingredientes, a ver quién es el guapo que se atreve. Más o menos, el proceso ha ido así. La receta de un "simple bizcochito" de Nata-Limón (que he encontrado poniendo gugleando "Pastel de Nada") decía:
  1. 3 huevos. ¡Qué bien, tengo 5! Me quedarán 2 para la cena. 
  2. 230 gr de harina. Creo que tengo un poco, voy a medir lo que hay... ¡Qué casualidad! Si es casi lo que necesito, faltará un poco pero da igual.... ¡seguimos!
  3. 180 de azúcar. A ver, dónde está el azúcar, sí, por aquí tengo un poco.... voy a medir... bueno no llega a 180, ni siquiera a 150, pero oye, qué más das, así no engordará tanto.
  4. 80 ml de aceite de girasol. Recuerdo vagamente una botella que no uso nunca al fondo de la despensa. ¿Será comestible?
  5. 200 ml de nata. ¡Anda, pero qué suerte! ¡Si tengo un pote medio abierto! Claro que lleva ahí unos cuantos días, más bien unas cuantas semanas, hmmm, sí, desde el día de la pasta con calabacín, y de esto hará unas cuantas semanas... Mejor si lo huelo, hmmm, no sé yo, no quiero envenenar a nadie, paso, paso, pondré leche, que esta mañana me ha sobrado un poco del café con leche, y así la aprovecho.
  6. 1 sobre de levadura royal. Ahh, de eso seguro que tengo, que un pote me dura entre 5 y 10 años.
  7. la ralladura de un limón. ¡Oh maravilla! TENGO UN LIMÓN, no sé desde hace cuánto, pero ahí está, más majo él.
  8. 3 gotitas de aroma de limón. Buenoooo, como no ponga Pril limón...
Total, que con casi todos los ingredientes medidos y desparramados por la cocina, me he puesto a ello. A pesar del cambio de la nata por leche, que me ha faltado azúcar, que no ha habido manera de rallar el limón, que no he puesto toda la harina porque me ha parecido demasiado, que no la he tamizado junto con la levadura, que además la levadura la he puesto a ojo, que el aceite lo he medido sin gafas, que no tengo batidora de varillas, me ha salido esto:


Desde fuera, no se ve nada mal.
Mientras se horneaba, le he mandado un mensaje a la P, que está de retiro espiritual y vuelve esta tarde:
- ¡Sorpresa!
- ¿Cuál?
- Está en el horno, se está gestando. Pero puede salir al revés.
- ¡¡¡Vivaaaaaa!!!
Qué fé tiene en mi este hombre de bien. La que no tiene tanta, soy yo:
- Tú por si acaso, ven merendado.

17 de agosto de 2011

Gatutel

Tranquilo y reservado, el Gatutel se encuentra en un antiguo casa de pueblo, envuelta en una atmósfera relajante, con un magnífico jardín posterior trabajado con ahínco por el propietario a base de romperse el lomo, con todo tipo de árboles, y plantas exóticas procedentes de todo el mundo.

Federico en su resevado del jardín
En el jardín se encuentra la piscina, el mejor remedio para disfrutar de un refrescante baño que rompa la canícula de verano. Todo un lujo incluso para los más reacios, incluidos los húespedes felinos.
Federico entrano despacio en la piscina
Si quiere alejarse del ruido y estrés de los otros huéspedes, sus acogedores ambientes impregnados de sosiego le permitirán relajarse a sus anchas.
Federico relajándose encima de un puzzle
Federico probando el colchón de su habitación
Nuestras espaciosas y agradables habitaciones, están decoradas con exquisito gusto y cuentan con todas las comodidades.
Federico examinando su habitación
Las camas de estilo rústico están equipadas con colchones de lana, especialmente aptas para quedarse dormido en todas las posiciones.
Federico durmiendo

4 de agosto de 2011

Semana tonta

Mañana empiezo las pre-vacaciones, que es esa semana tonta en que mi empresa, con un criterio bastante dudoso, decide cerrar el edificio y te obliga a tomarte esos días quieras o no. Yo normalmente no quiero y por eso la llamo la semana tonta. Tonta o no, algo tengo que hacer, no me voy a quedar en mi casa. Eso sería mucho más tonto. Así que … ¿dónde nos vamos yo y Federico? A la casita del pueblo. 
La P no viene, dice que el pueblo lo aturde y que hay demasiados mosquitos zumbones, aunque nos vendrá a buscar. El viaje de ida puede ser el no va más, porque no solamente irá Federico en la parte de atrás del coche, sino también los hámsters de los mosquitos, que oyes, también ellos tienen derecho a disfrutar de la semana tonta.

PS Ayer con una patata de mi cesta y dos huevos me hice una tortilla. Estoy muy triste. Estaba asquerosa. Pero si es prácticamente lo único que me sale bien. Sospecho que la patata no era una patata para hacer tortillas, estaba muy dura. Se agradece cualquier información al respecto.

2 de agosto de 2011

Error de cálculo

¡¡¡Horror!!! Se me olvidó que me voy de vacaciones y ayer me trajeron mi caja de verduras.
¿Cómo me voy a comer de aquí al viernes días dos berenjenas, dos pepinos, tres patatas, ocho pimientos de todos los colores, una bolsa de judías, cuatro ciruelas, cinco peras, cuatro melocotones, siete tomates, y sobre todo, un manojo de menta? ¡¡¡Es imposible!!!
Me tendré que llevar mi caja de vacaciones.










Menos mal que no voy en avión....