¡¡Horror!! Intento esparcírmela pero me queda toda la cara blanca, parezco una japonesa. Normal, como que es de la Shiseido... ¿Qué hago? Cojo la esponjita de nuevo e intento retirar un poco. Me miro. No se ve tan blanca, me parece.... Me pinto la raya del ojo, me pongo rímel, sombra de ojos, me pinto los labios, me pongo colorete, me pongo las gafas, me miro de nuevo… y estoy fatal, ahora sí que doy miedo. Parezco una puerta japonesa. Cojo el jabón, la esponjita, el agua fría, lo retiro todo y me voy. Hoy a la fiesta voy de natural. Y a quien no le guste, que no mire.
10 de febrero de 2012
Sombra aquí y sombra allá
Ayer por la tarde, llegué a casa dispuesta a arreglarme para ir a una fiesta. No es que fuera la gran fiesta de gala ni mucho menos, pero yo a las 8 de la noche, un día entre semana, y después de haber hecho una clase de pilates, no estoy precisamente radiante. Me miro en el espejo y decido que hoy es un buen día para ponerme una muestra de maquillaje de la Shiseido. Pero primero hay que lavarse la cara. Lo que pasa es que justo ayer me cortaron el gas y no tengo agua caliente, y con el frío que hace en mi casa… pues oye, abro el grifo, me echo un poco de agua fría y andando. Me seco. Cojo la hidratante, me la vierto en la mano, me la pongo en la cara, pero horror, resulta que como no llevo las gafas me he equivocado de pote y ahora tengo la cara llena de jabón. En fin, no tengo más remedio que lavarme bien. Con la esponjita y agua congelada retiro todo el jabón y me seco de nuevo.
Ahora toca la hidratante, pero como tengo prisa, me salto un paso y en lugar de la crema, cojo el pote de maquillaje, y me echo un poco en la mano, pero a dosis de hidratatante y me lo aplico.
¡¡Horror!! Intento esparcírmela pero me queda toda la cara blanca, parezco una japonesa. Normal, como que es de la Shiseido... ¿Qué hago? Cojo la esponjita de nuevo e intento retirar un poco. Me miro. No se ve tan blanca, me parece.... Me pinto la raya del ojo, me pongo rímel, sombra de ojos, me pinto los labios, me pongo colorete, me pongo las gafas, me miro de nuevo… y estoy fatal, ahora sí que doy miedo. Parezco una puerta japonesa. Cojo el jabón, la esponjita, el agua fría, lo retiro todo y me voy. Hoy a la fiesta voy de natural. Y a quien no le guste, que no mire.
¡¡Horror!! Intento esparcírmela pero me queda toda la cara blanca, parezco una japonesa. Normal, como que es de la Shiseido... ¿Qué hago? Cojo la esponjita de nuevo e intento retirar un poco. Me miro. No se ve tan blanca, me parece.... Me pinto la raya del ojo, me pongo rímel, sombra de ojos, me pinto los labios, me pongo colorete, me pongo las gafas, me miro de nuevo… y estoy fatal, ahora sí que doy miedo. Parezco una puerta japonesa. Cojo el jabón, la esponjita, el agua fría, lo retiro todo y me voy. Hoy a la fiesta voy de natural. Y a quien no le guste, que no mire.
1 de febrero de 2012
Crema de zanahorias, puerros y col

Muy contratuitivamente, tengo la nevera hasta los topes, por lo menos para mis estándares, y eso no me gusta nada. Tengo la sensación de que no podré acabármelo todo y que se me echará a perder. De manera que ayer noche, al volver del trabajo, decidí matar unos cuantos pájaros de un tiro y prepararme un crema de verduras. Los pájaros fueron: una patata, dos puerros, seis zanahorias, media col, y no puse los limones porque me pareció que no pintaban nada en esta receta, por mucha inventiva que tenga una.
Empecé cortando los puerros en láminas finas. Ya he aprendido que sólo se come la parte blanca y que los pelos se los puedo dar a Federico para que se piense que son una nueva mascota.
Luego corté las zanahorias en redondelitos que empezaron siendo muy finos pero los últimos trozos ya no tanto. Es que cortar zanahorias es muy aburrido...Con la media col, me entró una duda existencial: así con las hojas tan apretaditas ¿hace falta lavarla? Por si acaso, después de cortarla a trozos, la lavé bajo el grifo.
Finalmente cogí la patata y la corté también en trocitos, que eso se me da muy bien.
Hasta ahí todo fácil.
La segunda parte se basó en la improvisación, experiencia anterior y sentido común, que algo de eso tengo. En una cazuela puse un resto de mantequilla, un chorro de aceite y cuando se fundió la mantequilla eché los puerros y las zanahorias. Enseguida me di cuenta de que las zanahorias deberían haber ido después, así que intenté sacar los trocitos a mano, pero no pude con todos.
Mientras tanto en una olla, puse agua a hervir con una pastilla de caldo de verduras y mi col higienizada.
Fui removiendo los puerros con las zanahorias invitadas, y al ratito volví a añadir las expulsadas para que se reunieran con sus hermanas, tapé la cazuela y me fui a whatsappear un rato, que no es que esté yo enganchada, nooo...

Cuando volví al mundo de los mortales, la verdura se estaba empezando a pegar, así que con un cucharón hice una emulación del traspaso del Tajo con el caldo y la col. A la media hora, di por terminada la cocción con el criterio inapelable me he cansado de esperar.
Entonces con mi nuevo minipimer, trituré la verdura y luego la pasé por el chino, que también estaba sin estrenar. Me quedo una crema finísima con un color naranja y un olorcito buenísimo.
El resultado es que me comí dos platos enooormes y se me olvidó hacer la foto del plato, así que este es el tupper que le he preparado a la P.
Por cierto este fin de semana me instalo en su casa, porque quedarme en la mía o meterme en la nevera, ahora que ya hay más sitio, viene a ser lo mismo.
29 de enero de 2012
Kilos fuera
Bueno no llego, pero hoy me he ido a pesar y he bajado casi 4 kilos!!! Es decir, esto cuatro veces:
O esto otras cuatro:
Visto así, es un montón ¿¿¿no???
Y es que eso de esquiar consume mucha energía. Y aguantar el frío también, que nos pilló la tormenta de nieve del Pirineo. Y esto es una imagen de la Cerdanya al bajar de pistas. Precioso.
O esto otras cuatro:
Visto así, es un montón ¿¿¿no???
Y es que eso de esquiar consume mucha energía. Y aguantar el frío también, que nos pilló la tormenta de nieve del Pirineo. Y esto es una imagen de la Cerdanya al bajar de pistas. Precioso.
27 de enero de 2012
La P y los guantes
Si hay algo que odio con toda mi alma es ir cargada coma una mula.Me pongo nerviosa a más poder y hay momentos en que lo soltaría todo y me iría corriendo. Si encima tengo que coger la moto, todavía es peor; más de una vez he soltado alguna bolsa a medio camino, o he tirado el casco porque me estorbaba o la he dejado con el motor encendido por querer irme rápidamente.
Hoy viernes, estoy en el despacho y suena el teléfono. Es la P hablando entrecortadamente:―Oye, ¿dónde guardas los …. de la moto?
―¿¿Qué qué??
―¿Qué dónde… los guantes de… moto?
No entiendo nada, ¿qué dice de los guantes mi moto?
―¿Estás en mi casa?
―Sí, estoy en tu casa. Estoy buscando los guantes de tu moto, ¿dónde los dejas?
―Pues dentro del casco, ¿pero para qué los quieres?
Se oyen ruidos y movimientos y casi respiración asistida.
―¿Pero se puede saber qué haces?
―Aquí no están.
―¿Ah no?
―No señora. ¿Sabes dónde estaban? Te los has dejado encima de la moto.
―¡Qué me dices!
―Los guantes que te regalé en Navidad, ahí estaban, nuevecitos, immaculados, bien puestos sobre el sillín. Mientras venía hacia aquí, he pasado por el lado y los he visto.
―¡Eeeeehhh que esos guantes me los compré yo!
―Bueno, da igual, la cuestión es que te los has dejado encima de la moto. Toda la noche.
―¡Qué dices toda la noche! Si no cojo la moto desde el miércoles.
Qué cosas….
13 de enero de 2012
Comida bio
Tanta cocinar verduras medio pasadas, pasteles sin ingredientes, platos supervivientes de masacres y otros restos de serie, he acabado engordando 4 kilos. Así que me he ido a apuntar al Nature House. Ahora cada mañana y cada noche antes de cenar tengo que tomarme dos pastillitas de extracto de acelga e hinojo y disolver en agua un líquido que también es extracto de dos verduras de estar por casa. Según eso, en dos meses estaré fina como una magnolia. No es la primera vez que hago régimen ahí. La primera, hace varios años.
Cuando entro en la consulta, la dietista recupera mi ficha:
―Ah, ya veo que viniste en el 2006. Te fue bien, ¿no? Aquí dice que perdiste unos cinco kilos.
―Sí, pero los debí de perder como la madre de Pulgarcito, porque volvieron todos.
―Ya, bueno, eso pasa. Debió de fallarte el mantenimiento.
¿El mantenimiento? Vas a ver tú si me mantengo o no, voy a seguir el régimen a rajatabla.
Esta tarde he pasado por una tienda de comida biológica a hacer la compra. Luego he llegado a casa y me he puesto a preparar la cena:
―¡A comeeeeer!
La P se sienta y prueba lo que he preparado.
―¿Esto que es lo qué es?
―Esto es crema de lentejas. ¡Es bio!
―Qué bio ni qué leches. No sabe a nada.
―Bueno, pues ecológica.
―¿Ecológica? Será ecoilógica, ¿cómo pueden vender esta porquería?
―Bueno, es que también lleva alga Kombi, que es sólo para paladares exquisitos....
Se acaba la crema entre aspavientos, y se levanta a buscar el segundo que he dejado en la cocina calentándose. Sirvo. Me mira con los ojos como dos naranjas:
―¿¿¿Y esto qué es???
―Esto es Tofu con Chía.
―¿Con quéééé?
―Chía. Es una semilla ... me parece....
―Lo que me parece a mi es una loncha de pan alemán.
―Que no, que es tofu. Es proteína pura. Mira qué dice la etiqueta: "Por su fantástico sabor, aroma y textura es ideal para sustituir la proteína animal de toda la familia".
―Puaggh. ¿Por su fantástico sabor, aroma y textura?
―Bueno, vale, quizás me ha faltado ponerle un tomatito para acompañar, pero mira, si le pones mostaza fuerte de Dijon, mejora mucho...
―Tu sí que mejoras, pero en el restaurante...
De postre, saco dos yogures desnatados con avena. Terminamos de cenar y recogemos.
―Bueno, ¿te ha gustado? Te aviso que como estaba todo en oferta 2x1 he comprado para varias semanas.
Me parece que me acabo de quedar sin marido.
Cuando entro en la consulta, la dietista recupera mi ficha:
―Ah, ya veo que viniste en el 2006. Te fue bien, ¿no? Aquí dice que perdiste unos cinco kilos.
―Sí, pero los debí de perder como la madre de Pulgarcito, porque volvieron todos.
―Ya, bueno, eso pasa. Debió de fallarte el mantenimiento.
¿El mantenimiento? Vas a ver tú si me mantengo o no, voy a seguir el régimen a rajatabla.
Esta tarde he pasado por una tienda de comida biológica a hacer la compra. Luego he llegado a casa y me he puesto a preparar la cena:
―¡A comeeeeer!
La P se sienta y prueba lo que he preparado.
―Esto es crema de lentejas. ¡Es bio!
―Qué bio ni qué leches. No sabe a nada.
―Bueno, pues ecológica.
―¿Ecológica? Será ecoilógica, ¿cómo pueden vender esta porquería?
―Bueno, es que también lleva alga Kombi, que es sólo para paladares exquisitos....
Se acaba la crema entre aspavientos, y se levanta a buscar el segundo que he dejado en la cocina calentándose. Sirvo. Me mira con los ojos como dos naranjas:
―¿¿¿Y esto qué es???
―Esto es Tofu con Chía.
―¿Con quéééé?
―Chía. Es una semilla ... me parece....
―Lo que me parece a mi es una loncha de pan alemán.
―Que no, que es tofu. Es proteína pura. Mira qué dice la etiqueta: "Por su fantástico sabor, aroma y textura es ideal para sustituir la proteína animal de toda la familia".
―Puaggh. ¿Por su fantástico sabor, aroma y textura?
―Bueno, vale, quizás me ha faltado ponerle un tomatito para acompañar, pero mira, si le pones mostaza fuerte de Dijon, mejora mucho...
―Tu sí que mejoras, pero en el restaurante...
De postre, saco dos yogures desnatados con avena. Terminamos de cenar y recogemos.
―Bueno, ¿te ha gustado? Te aviso que como estaba todo en oferta 2x1 he comprado para varias semanas.
Me parece que me acabo de quedar sin marido.
30 de diciembre de 2011
Receta para un San Esteve glorioso
Como cada año, me tocó cocinar para la familia el día de San Esteve, con el añadido de tener que superar o como mínimo igualar el éxito del año anterior.
Después de una semana dándole vueltas al menú y tras descartar la opción bocatas para todos, decidí repetir la sopa de galets, así que un par de días antes, me planto en la carnicería para comprar la pilota. En el escaparate, veo un redondo de pollo la mar de mono:
Yo: ¿Eso es fácil de hacer?
Carnicera: Mega fácil. No tienes que hacer casi nada.
Yo: ¿Pero así tal cual? ¿Lo pongo en el horno y me voy a ver la tele?
Carnicera: Bueno, mujeeeer... Primero lo fríes en la sartén, luego lo pones en una cazuela, con algunas verduras troceadas, le añades un chorro de vino o de lo que tengas, y lo dejas una hora, más o menos....
Yo: Huy sí, qué fácil, vamos, como un bocata de queso.... ¿Y las verduras? ¿A qué verduras se refiere?
Carnicera: Pues un poco de todo, zanahorias, tomates, ajo y cebolla, lo que tiene todo el mundo en casa.
Yo: Ya, bueno, es que yo normalmente, en casa no tengo nada…. Por no tener, no tengo ni cazuela….
Carnicera: Bueno mujer, pues lo haces al horno. Cuando está frío, lo cortas. Y las verduras, las pasas por el minipimer y te queda un salsa buenísima. Y ahí mismo lo calientas. ¡Si es facílisimo! Si hasta un manco, ciego y sordo puede hacerlo.
Yo: Si es así....
El viernes por la mañana, me escapé del despacho y me fui a la pollería de la esquina:
Pollera: Nena, ¿qué te pongo?
Yo: Pues algo de pollo… para hacer caldo.
Pollera: ¿Te pongo una carcasa?
Yo: Hmmm, mejor dos, que somos muchos y no me fío yo de mi segundo plato. Pero, oiga, una cosita, me las prepara para que no se vea que son pollos...
Pollera: Tú no te preocupes, te lo cortaré todo tan bien que no los va a reconocer ni el gallo Claudio.
Yo: Los cuellos no los quiero ¿eh?
Pollera: Sin cuello.
Yo: Y nada de patitas ni bracitos, que me da mucha pena.
Pollera: Pero mujer, que la carcasa no lleva patas, ni que fuera Calimero...
Yo: Y tampoco quiero lo de dentro eh, los riñones, o los hígados, ni esa cosa verde que tienen los pollos....
Pollera: ¡Que sí, que ya lo he entendido! ¡Que tú lo que quieres es un caldo Maggi!
Así fue, más o menos. Pero al final salí con mis dos carcasas. En una bolsa transparente de plástico, toda manchada de sangre. Menuda carnicería había hecho la pollera con los dos pollos, qué asco, y encima me la tuve que llevar al despacho.
El 25 por la noche, me puse a hacer el caldo, y antes de irme a dormir, apagué el fuego. A las 8 de la mañana, la P me despierta:
—Oye, sacaste la carcasa del caldo, ¿no?
—¿Yo? Pues no.
—¡Te dije que lo hicieras! Si no lo sacas, no queda bien.
—Y yo te dije que eso te tocaba a ti, que yo ya no quería ver más a los pollos. ¡Con lo que me costó ponerlos en la olla, que me tuve que poner gafas de sol, casi me da un síncope!
No tuvo más remedio que levantarse.
Después de desayunar, seguimos cocinando. Terminada la operación “filtro”, cocimos la pilota y los galets por separado, y dejamos la olla lista para calentar.
Luego me puse a hacer el puré. Pelé las patatas, las corté en trocitos la mar de monos, y los puse a cocer. Una vez en su punto, cogí mi machacapatatas, que es un aparatito que me encanta, ya que tanto sirve para des-sesar a un ladrón, clavar un clavo o hacer burbujas, añadí un poquito de mantequilla, un chorrito de leche, lo aplasté todo con mucho brío y lo dejé listo para calentar.
Mientras tanto, la P cogió el redondo de pollo como si fuera un balón de rugby, y lo selló en una sartén. Yo me dediqué a algo más de mi nivel: lavar y cortar la verdura, tal como me había recomendado la carnicera. Colocamos todo en una fuente, añadimos un chorrito de caldo y otro de jerez (tras descartar la absenta, el tequila y el Marie Brizard) y lo pusimos al horno. Al cabo de un rato la P se me ilumina:
—Oye, has puesto sal y pimienta ¿no?
—Yo no, ¿y tú?
—Yo tampoco.
—Anda mira, también me he dejado los ajos...
—Venga, abre el horno que esto se arregla en un plis.
Hora y media más tarde, sacamos el asado del horno y lo dejamos enfriar. Pasé la verdura asada por el minipimer para hacer la salsa y la dejé en una cazuelita tapada. Finalmente, la P cortó el asado en rodajas y las colocó en un plato.
Era el turno del pastel de castañas. El paso número 3 de la receta decía así: "Poner a calentar las castañas con la leche y dos cucharaditas de azúcar. Cocerlas 5 minutos y, cuando estén blandas, pasarlas a un bol. Aplastarlas con un tenedor y dejarlas enfriar."
La primera frase era fácil, ¿pero cómo interpretar la segunda? ¿Pasar las castañas a un bol después de cocerlas 5 minutos, o bien pasarlas al bol cuando estén blandas? Porque a los 5 minutos, mis castañas seguían duras como una roca y eso no lo aplastaba ni Poseidón con su tridente, y a los diez se me había quemado la cazuela. Menos mal que mi madre había prometido traer un Panetone y una piña.
Finalmente, a las dos y media, estaba todo listo. La mesa puesta, el vino abierto, los aperitivos en la mesa, la cocina impecable y todos los platos preparados en el mármol, sólo faltaba calentarlos en el último momento.
Los invitados llegaron como siempre, abrigados como si fueran a pasar un día en Siberia. ¡Exagerados! Si lo mejor es tener la casa a temperatura ambiente. Ambiente navideño, claro. Además este año incluso tenía un belén.
Nos sentamos a la mesa a degustar los aperitivos. Cuando vi que ya estaban terminando, me fui a la cocina para empezar a calentar mis platos y de repente:
F.A.C: ¿Pero qué ha pasadoooooooooooooooooooo?
¿Qué ha pasado? Pues que del alto del armario se ha resbalado una bandeja, ha ido a parar sobre uno de los platos, y quinientos mil millones de pedazos de vidrio han salido volando en todas direcciones. Mi estupendo, delicioso, perfecto menú de San Esteve se ha ido a tomar por saco.
Yo: ¡¡¡¡¡¡Buaaaaaaaaaaaaaaah!!!!! ¡¡¡¡Mi comidaaaaaaaa!!!!
F.A.C: ¡¡¡OSTRAS!!! ¿Se te ha roto un plato?
Yo: ¡¡Síííí!! ¡¡¡Buaaaaaaaaaaa!!!
F.A.C: ¿Y han caído cristales en la sopa?
Yo: ¡¡Síííí!!
F.A.C: ¿Y sobre la carne también?
Yo: ¡¡Síííí!! Y también en la cazuela del puré.
F.A.C: ¿Y no podemos comer nada?
Yo: Pues a menos que seamos una familia de fakires, no veo cómo.
Lo tuvimos que tirar todo excepto el caldo. Mi hermana y mi madre, que son muy científicas ellas, decretaron que si lo pasábamos por el colador, no habría peligro. Yo rescaté unos galets de la despensa, y compusimos la sopa. Los mosquitos, mientras tanto, intentaban consolarme.
Por suerte, recordé que tenía 8 huevos en la nevera y los puse a hervir. Abrí una latita de atún y un pote de espárragos. Mi hermana había traído restos de ensalada de rúcula del día anterior y rescaté un tomate. Y por último, adornamos los huevos con la salsa de verduras, que como estaba tapada, sobrevivió al desastre.
Lo dicho. El año que viene un bocata y andando.
Después de una semana dándole vueltas al menú y tras descartar la opción bocatas para todos, decidí repetir la sopa de galets, así que un par de días antes, me planto en la carnicería para comprar la pilota. En el escaparate, veo un redondo de pollo la mar de mono:
Yo: ¿Eso es fácil de hacer?
Carnicera: Mega fácil. No tienes que hacer casi nada.
Yo: ¿Pero así tal cual? ¿Lo pongo en el horno y me voy a ver la tele?
Carnicera: Bueno, mujeeeer... Primero lo fríes en la sartén, luego lo pones en una cazuela, con algunas verduras troceadas, le añades un chorro de vino o de lo que tengas, y lo dejas una hora, más o menos....
Yo: Huy sí, qué fácil, vamos, como un bocata de queso.... ¿Y las verduras? ¿A qué verduras se refiere?
Carnicera: Pues un poco de todo, zanahorias, tomates, ajo y cebolla, lo que tiene todo el mundo en casa.
Yo: Ya, bueno, es que yo normalmente, en casa no tengo nada…. Por no tener, no tengo ni cazuela….
Carnicera: Bueno mujer, pues lo haces al horno. Cuando está frío, lo cortas. Y las verduras, las pasas por el minipimer y te queda un salsa buenísima. Y ahí mismo lo calientas. ¡Si es facílisimo! Si hasta un manco, ciego y sordo puede hacerlo.
Yo: Si es así....
El viernes por la mañana, me escapé del despacho y me fui a la pollería de la esquina:
Pollera: Nena, ¿qué te pongo?
Yo: Pues algo de pollo… para hacer caldo.
Pollera: ¿Te pongo una carcasa?
Yo: Hmmm, mejor dos, que somos muchos y no me fío yo de mi segundo plato. Pero, oiga, una cosita, me las prepara para que no se vea que son pollos...
Pollera: Tú no te preocupes, te lo cortaré todo tan bien que no los va a reconocer ni el gallo Claudio.
Yo: Los cuellos no los quiero ¿eh?
Pollera: Sin cuello.
Yo: Y nada de patitas ni bracitos, que me da mucha pena.
Pollera: Pero mujer, que la carcasa no lleva patas, ni que fuera Calimero...
Yo: Y tampoco quiero lo de dentro eh, los riñones, o los hígados, ni esa cosa verde que tienen los pollos....
Pollera: ¡Que sí, que ya lo he entendido! ¡Que tú lo que quieres es un caldo Maggi!
Así fue, más o menos. Pero al final salí con mis dos carcasas. En una bolsa transparente de plástico, toda manchada de sangre. Menuda carnicería había hecho la pollera con los dos pollos, qué asco, y encima me la tuve que llevar al despacho.
El 25 por la noche, me puse a hacer el caldo, y antes de irme a dormir, apagué el fuego. A las 8 de la mañana, la P me despierta:
—Oye, sacaste la carcasa del caldo, ¿no?
—¿Yo? Pues no.
—¡Te dije que lo hicieras! Si no lo sacas, no queda bien.
—Y yo te dije que eso te tocaba a ti, que yo ya no quería ver más a los pollos. ¡Con lo que me costó ponerlos en la olla, que me tuve que poner gafas de sol, casi me da un síncope!
No tuvo más remedio que levantarse.
Después de desayunar, seguimos cocinando. Terminada la operación “filtro”, cocimos la pilota y los galets por separado, y dejamos la olla lista para calentar.
Mientras tanto, la P cogió el redondo de pollo como si fuera un balón de rugby, y lo selló en una sartén. Yo me dediqué a algo más de mi nivel: lavar y cortar la verdura, tal como me había recomendado la carnicera. Colocamos todo en una fuente, añadimos un chorrito de caldo y otro de jerez (tras descartar la absenta, el tequila y el Marie Brizard) y lo pusimos al horno. Al cabo de un rato la P se me ilumina:
—Oye, has puesto sal y pimienta ¿no?
—Yo no, ¿y tú?
—Yo tampoco.
—Anda mira, también me he dejado los ajos...
—Venga, abre el horno que esto se arregla en un plis.
Hora y media más tarde, sacamos el asado del horno y lo dejamos enfriar. Pasé la verdura asada por el minipimer para hacer la salsa y la dejé en una cazuelita tapada. Finalmente, la P cortó el asado en rodajas y las colocó en un plato.
Era el turno del pastel de castañas. El paso número 3 de la receta decía así: "Poner a calentar las castañas con la leche y dos cucharaditas de azúcar. Cocerlas 5 minutos y, cuando estén blandas, pasarlas a un bol. Aplastarlas con un tenedor y dejarlas enfriar."
La primera frase era fácil, ¿pero cómo interpretar la segunda? ¿Pasar las castañas a un bol después de cocerlas 5 minutos, o bien pasarlas al bol cuando estén blandas? Porque a los 5 minutos, mis castañas seguían duras como una roca y eso no lo aplastaba ni Poseidón con su tridente, y a los diez se me había quemado la cazuela. Menos mal que mi madre había prometido traer un Panetone y una piña.
Finalmente, a las dos y media, estaba todo listo. La mesa puesta, el vino abierto, los aperitivos en la mesa, la cocina impecable y todos los platos preparados en el mármol, sólo faltaba calentarlos en el último momento.
Los invitados llegaron como siempre, abrigados como si fueran a pasar un día en Siberia. ¡Exagerados! Si lo mejor es tener la casa a temperatura ambiente. Ambiente navideño, claro. Además este año incluso tenía un belén.
Nos sentamos a la mesa a degustar los aperitivos. Cuando vi que ya estaban terminando, me fui a la cocina para empezar a calentar mis platos y de repente:
¡¡¡CRAAAAAAAAASHHHHHHHHHHHHHH!!!
La familia al completo se planta en la cocina.
F.A.C: ¿Pero qué ha pasadoooooooooooooooooooo?
¿Qué ha pasado? Pues que del alto del armario se ha resbalado una bandeja, ha ido a parar sobre uno de los platos, y quinientos mil millones de pedazos de vidrio han salido volando en todas direcciones. Mi estupendo, delicioso, perfecto menú de San Esteve se ha ido a tomar por saco.
Yo: ¡¡¡¡¡¡Buaaaaaaaaaaaaaaah!!!!! ¡¡¡¡Mi comidaaaaaaaa!!!!
F.A.C: ¡¡¡OSTRAS!!! ¿Se te ha roto un plato?
Yo: ¡¡Síííí!! ¡¡¡Buaaaaaaaaaaa!!!
F.A.C: ¿Y han caído cristales en la sopa?
Yo: ¡¡Síííí!!
F.A.C: ¿Y sobre la carne también?
Yo: ¡¡Síííí!! Y también en la cazuela del puré.
F.A.C: ¿Y no podemos comer nada?
Yo: Pues a menos que seamos una familia de fakires, no veo cómo.
Lo tuvimos que tirar todo excepto el caldo. Mi hermana y mi madre, que son muy científicas ellas, decretaron que si lo pasábamos por el colador, no habría peligro. Yo rescaté unos galets de la despensa, y compusimos la sopa. Los mosquitos, mientras tanto, intentaban consolarme.
Por suerte, recordé que tenía 8 huevos en la nevera y los puse a hervir. Abrí una latita de atún y un pote de espárragos. Mi hermana había traído restos de ensalada de rúcula del día anterior y rescaté un tomate. Y por último, adornamos los huevos con la salsa de verduras, que como estaba tapada, sobrevivió al desastre.
Lo dicho. El año que viene un bocata y andando.
1 de diciembre de 2011
Mi primera ratatouille chispas
Domingo tonto y nada en la nevera, solo un calabacín, una berenjena, cuatro pimientos y media col. La P hace un intento de salir por peteneras:
―¿Vamos a comer una paellita por ahí?
―Que noo, que tenemos que acabarnos lo que hay en la nevera.
―¿Las hueveras?
―Que no, que con lo que tengo, puedo hacer una ratatouille la mar de buena.
―Madre mía, madre mía…..
Busco una receta por internet. Veo que me falta cebolla, tomate, ajos y las hierbas.
―Bueno, salimos a dar una vuelta y compro en el paki.
―Y qué, ¿vamos a comer sólo tu ratatouille?
―Ya verás cómo te gusta.
―No, si no tengo la menor duda… pero por si acaso, compramos un pollo al ast.
Nos ponemos los abrigos y salimos. A dos manzanas, hay un sitio de pollos. Nos ponemos en la fila, detrás de un chico pelín guarro, con un perro muy limpio que hace mil monerías.
―Me encanta este barrio tan silvestre, le digo a la P por lo bajini. Has visto qué mono el perro,. Jo, me encantaría poder llevarme a Federico de paseo los domingos.
―Sí, para que se te escape.
―Que no, que lo llevaría con una correa, como si fuera un perrito.
―Con una correa lo tenías cuando se te escapó, y casi te da un síncope.
―Ya, pero te digo que lo ataría muy bien, le pondría una cuerda en las patas de delante.
―Eso, y otra en las patas de atrás, y lo confunden con un pollo.
―Eres tonto y malo.
Es nuestro turno.
―Un pollo, dice la P.
―Medio pollo, digo yo.
―Ah sí, claro, como tenemos la nevera llena, oigo que murmura.
Por precaución, pido seis huevos y cuatro croquetas, no vaya a ser que la P lleve razón. Pasamos por el paki a comprar la verdura y volvemos a casa. Federico no ha puesto la mesa, no hay manera de que aprenda. Pero yo sí, porque algo así fue lo que quedó.
Bueno vale, la foto es de Internet, pero es que como estaba tan bueno, se me olvidó hacer la foto.
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